Ni una menos
Es cuestión de esencia, de sensibilidad.
Es el género y no el nombre.
Es el modo de vivir, de defender lo propio lo que nos hace vibrar como
nosotras sólo podemos hacerlo.
Mujer, antes de hija, de madre, de abuela, de amiga o pareja.
Mujeres que viven, que eligen y no claudican ante el primer tropezón.
Destinadas a clamar por la libertad de ser lanzadas al vacío de la indiferencia
en este mundo medieval.
Mujeres en la búsqueda incansable de hijos arrebatados por la maldad del
poder, por los negocios manejados desde la oscuridad.
Mujeres con capacidad de crear, innovar, mirar el mundo críticamente y
al mismo tiempo mirarlo con bondad para construir sobre él.
Mujeres que antes de nosotras siempre están aquello a quienes queremos
proteger.
Mujeres vivas por elección y no por decisión de un par de sujetos que
creen que es su decisión dejarnos o no con vida. Ellos no eligen por nosotras y
nadie debe hacerlo.
Mujeres vivas para luchar por aquellas que ya no están porque la suerte
les jugó una mala pasada por no decir que el sistema judicial encargado de
cuidarlas estaba debatiendo sobre la mejor manera de juzgar y no de prevenir el
horror. Mujeres que hoy podrían marchar y decir basta a la cobardía hecha
muerte.
Mujeres que ni en la adversidad callaremos. Como en toda discusión
siempre tendremos la última palabra si de proteger nuestro género se trata.
Denunciar, denunciar, es la única salida que la burocracia nos permite.
Ni una menos. Ni una más.
Mujeres vivas, en marcha y persiguiendo la justicia verdadera.
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