¿Quién es el malo?

El halo celestial se desvanece entre tanta maldad sin aviso. Sombra al corazón le hace el árbol a los actos de bondad y se pierden en el vértigo de la cotidianidad.
Corres tras el sueño de ser alguien feliz pisando fuerte las ganas de activar mi  libertad. ¿Quién es el malo aquí? Tú por pisar mis ganas de ser libre o yo, por evitar que corras tras de mí. No lo sé. Capaz los dos o… tú ni yo.
Desearía que fuera una respuesta sencilla saber quién es el dueño de la maldad. Recuerdo el verano con mariposas blancas invadiendo mi lugar y más tarde la lluvia coartando sus ganas de volar, destiñendo sus alas que la luna como ayuda intentaba iluminar otra vez.
Algo parecido ocurre en las vidas que puedas conocer. Quien elige y alguien que lo obstaculiza; quien habla y alguien que intenta callarla; quien dona lo que no tiene y alguien que trata de desviarlo a otro lugar. Es así. No porque tenga razón sino porque es lo que mis ojos pueden ver.
Que la maldad está en todo lugar, se hace espacio en cualquier aguja de reloj, depende de ti. Depende a quién te quieras parecer: al que elija o quiera permanecer en la comodidad de ver cómo todo pasa sin luchar, sin hablar, sin gritar que la maldad es humana y no animal. Depende de ti decidir ante el sol como testigo que compartas tus días con los humildes, con los que aún no saben leer y detengas tu paso para un cuento contarles; o simplemente cruzar de vereda y sentenciar el final de tu  jornada igualita a la de ayer.

¿Quién es el malo? Te diré que a mis ojos, no hay errores sino falta de empatía, no hay corazones malvados sino heridos en lo más profundo que se sanan con miradas de compasión. Me gustaría saber quién es culpable, cuál es mi papel en estas calles de ausencia de perdones y permisos, de pisoteadas con celular. ¿Quién es el malo aquí? Tú por pisar mis ganas de ser libre o yo por evitar que corras tras de mí. No lo sé. 

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