Realidad con enemigos que se eligen

Para qué tanto terror provocado por los hombres esparcidos con balas y tanques llenos de desilusión.
Si supiéramos cuánto vale la pena vivir nadie se animaría a destruirla. Pero eso no ocurre.
La vehemencia con la cual creemos defender nuestros ideales ha convertido a los hombres en el propio peligro para la raza humana.
La guerra se crea, los enemigos se eligen. Nadie lucha contra un enemigo al que sabe no podrá ganarle. La guerra es la herramienta es el acto de crueldad contra la integridad de los débiles: niños, enfermos, ancianos, madres, hijos, hermanos. Lee otra vez la última oración.
Los débiles somos todos los que habitamos este bendito planeta. Nos vendría bien un examen de consciencia a través de la mirada. Pasas horas delante del televisor,  horas disfrutando películas. ¿Qué ves cuando ves? Es la frase similar a la de una canción pero que cae tan bien  este párrafo.
Ves lo que hay, ves lo que los directores de cine y series se animan a delatar sin pudor. ¿Acaso no nos damos cuenta que la ficción es la adaptación de nuestra realidad más turbulenta, insensible y extremista?

Es turbulenta la realidad que se mueve, es alterada constantemente con los cambios de humor; es insensible siempre, a veces.
Es insensible cuando ataca, pero reacciona la realidad ante una sacudida de la herida abierta a una parte de la humanidad. Inundaciones, incendios y revueltas políticas con represión  son ejemplos.
Sin embargo, la realidad se ha convertido en extremista como nuestro mismo andar. O nos detenemos o corremos. Explotamos una bomba como respuesta a la despiadada “guerra santa”. Nos ataca la solidaridad repentina pero en la cotidianeidad elegimos la indiferencia ante el pedido de orientar hacia una calle.

Insisto que los enemigos se eligen. La guerra sólo causa daños y genera promesas que nunca se cumplen, pérdidas de humanidad y se llena la memoria de recuerdos que se quieren olvidar aunque deberíamos aprender de ellos. 

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