16.07.08/15


No he aprendido a vivir sino a convivir con los espacios vacíos que percibo al caminar cada día.
Los años pasan y de vez en cuando algún calendario bisiesto hace más larga la noche.
Podría recordar la manera en qué te vi por última vez, mi agradecimiento o dolor profundo que causó ser la persona que te cuidó la mañana en la que dijiste adiós. Pero elijo contarle a los que no te conocieron que fuiste quien que me enseñó a leer, preparar el mate, te animaste a desvelarte para prepararme el desayuno antes de ir a la escuela.
Me explicaste cuáles son las condiciones para que se considere un off side y al mismo tiempo te acompañé en aquella madrugada del partido por el mundial de Corea- Japón sabiendo que en horas debería ir a clase.

Amaba despeinarte, y muchos dicen que hiciste tantas cosas que ni con tus propios hijos hiciste, como darme la mamadera siendo pequeña, hacer manualidades de escuela para las clases de plástica.
Una vez me dijiste que no debía meterme en política, lamento no poder cumplir ese deseo en su totalidad. De todas maneras me diste las herramientas para vivir lo mejor posible y para valorar la familia, la salud y la libertad.
Agradezco sentirte cerca cuando la soledad me acecha por las noches porque todavía recuerdo tu voz y tu sonrisa cómplice cuando solía mandarme alguna macana.

Siete años no son nada para sanar una herida abierta con la que lidio cuando veo fotos perdidas mas los suficientes para entender que fuiste, y eres la persona con quien las aventuras de entre- casa se sentían mejor.

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