Carpintero de emociones.

Lo hecho cada jornada por el carpintero de Florencia se refleja en el cauce del Arno. Sus construcciones de maderas con barniz brillan durante el día por el sol  y por las constelaciones cuando el rey se retira.
Al cerrar la puerta de su taller  recuerda su libreta de anotaciones que estaba olvidando. En ese corto trayecto se conecta con lo que ha ocurrido en su día. Trastabilla con el pequeño banquito desgastado por soportar su peso en el que hace su trabajo y luego de acomodarse se detiene a mirar sus herramientas. Cada uno de ellos descansa al apagarse la luz, al sentir la vuelta de llave de su amo. Sin embargo, el carpintero se pregunta ¿cuándo es el momento en el que él descansa?
Si de día trabaja, si por la tarde sigue trabajando y de noche antes de dormir piensa en qué hará mañana para hacer rendir su jornada de trabajo más que hoy.
De repente su perro ladra desde el otro lado de la puerta llamando la atención del capataz de las maderas, de tantas sillas en las que no se sienta, de decenas de mesas que no compartirá siquiera con su familia con tal de llevar más dinero a su casa o incluso trabajar noches enteras en las tablas y respaldos de las camas matrimoniales que tampoco comparte todos los días con su esposa.
El perro ladra otra vez y entiende que el reclamo del can no es comida sino compañía. ¿De qué sirve lograr completar el trabajo de todo un día si no es posible conciliar el sueño por la noche por las preocupaciones?
¿Qué valor tiene el trabajo si eso implica no cenar en familia o con amigos?
¿Realmente el pago por cada artesanía cubre el dolor de espalda por dejar de dormir una hora más?
Se trata de volver a buscar la libreta de anotaciones y hacer un inventario de las herramientas que tenemos y el uso que le damos. Si ellas hacen sentirnos plenos o responsables de las obligaciones laborales solamente.

El perro que ladra es nuestra mente que pide piedad para descansar de las presiones absurdas y clama para que hagas lo que te acerque a la versatilidad que tiene la felicidad momentánea pero plena. 

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